lunes, 20 de junio de 2011

Sobre agujerear paredes

"Eso lo ehcushaba yo cuando era heavy", me dice el electricista mientras destroza la pared del dormitorio para instalarme aire acondicionado. Tengo el portátil al lado, con una selección aletoria de la banda Asia y escribo estas notas mientras comentamos las bondades de "School of rock", como ejemplo de cine de iniciación a la buena música.

He tratado de utilizar este asunto a mi favor (el hecho de que compartimos algo), pero la pared no ha quedado precisamente en buen estado. Esperemos que los aparatos tapen el destrozo y cuando los dueños se den cuenta yo esté bastante lejos de aquí.

Romper ese amasijo de pintura, ladrillos, etc., si no son tuyos, es algo que debe de producir una cierta satisfacción.

¿Hay alguien que no haya agujereado la pintura o la masilla de la pared con un bolígrafo, creyendo que se podía llegar más lejos de lo que efectivamente era posible? Un compañero de clase en el colegio confiaba en escapar de las lecciones gracias a un enorme boquete que terminó naufragando en el ladrillo; otro amigo llegó quizá más lejos cuando quiso ver las prohibidas películas del salón desde su cuarto.

También es cierto que este último colega encerró a su hermano pequeño en un cuarto con una grabación de una psicofonía repetida hasta la saciedad, situada en una estantería a la que el pobre chiquillo no llegaba.

No nos gusta que nos pongan obstáculos, y los muros representan un buen ejemplo. Tengo una vecina a la que me gustaría espiar. Me estoy pensando lo de comentárselo al del guarrito. Me queda poco tiempo antes de que se vaya.

2 comentarios:

Clipo dijo...

La verdad es que me suenan de algo las historias sobre tus supuestos amigos :). Muy bueno.

Andrés Villena Oliver dijo...

Es que tú tienes más pistas para interpretarlas... Pero no nombro a nadie, que conste...