lunes, 12 de diciembre de 2011

Aeropuertos

Las personas vamos siempre con mucha prisa cuando nos subimos a un avión. Y en muchas ocasiones tenemos razón al encontrarnos en ese estado: si has pagado una determinada cantidad de dinero por un vuelo y marchasa con el tiempo justo, es normal que transpires a pesar de que sea invierno, mientras pones tus pertenencias más metálicas en una bandeja a cambio de no ser
registrado hasta las entrañas como si fueras un dinamitero potencial.

Pero lo más interesante sucede cuando uno en realidad ha llegado con el tiempo de sobra para coger su vuelo. Como el comportamiento masivo no es igual a la suma de las conductas individuales, sino que es algo bien distinto, acaba por imponer a cada uno de los individuos una serie de prácticas que se convierten en difícilmente evitables.

Parece como si estar relajado en un aeropuerto estuviera garantizando la pérdida del avión. Por contra, hay todo un menú de razones para mantenerse tenso y alerta: es posible que no tengamos el billete, que algo pite en el control de seguridad (¿y qué?), que hayamos olvidado lo más importante en casa (¿apagaste la plancha, seguro?), que nos puedan robar la maleta, que el avión cambie de hora, o que simplemente decida no llegar nunca y nos deje para siempre en tierra. Para siempre.

Entonces te mantienes alerta con los hombros bien tensos y miras a izquierda y derecha para que nadie te adelante en la cola. En esa inmensa fila que se forma para embarcar, entre personas que, como tú, se mantienen alerta a pesar de la temprana hora a la que os ha tocado poneros en guardia. También miras de reojo al pastelero que te pone una ensaimada por cuatro euros y medio, en esta ocasión, con bastante razón: parece como si el papel de intermediario de cielo y tierra del aeropuerto pudiera multiplicar por tres los precios. Aun así se sabe que se paga, y como se sabe, los precios se mantienen tozudos, aunque se trate de un maldito botellín de agua.

Llega el momento de subirse al avión y la última cola nos deja listos para el vuelo, que va a ser lo de menos: el ensayo del paracaídas -estaría bien utilizarlo algún día-, los cuatrocientos artículos que te ofrecen en una hora -y entonces ves que el Whisky que se pide tu compañero va destinado a reducir su miedo a estrellarse-, así como todo tipo de entretenimientos como la enorme represión contra quien no se pone el cinturón o para aquel al que le da por escribir unas notas en un peligroso ordenador portátil.

Se me acaba el tiempo y, para colmo, me he detenido a escuchar una llamada urgente para un vuelo que ya se marcha sin algunos pasajeros. ¿Será el mío, a pesar de que sale media hora después? La mera posibilidad de perder el vuelo, aunque no sea el nuestro, nos preocupa: aunque el riesgo es prácticamente igual a cero, los perjuicios serían tan grandes que prestamos una morbosa atención a ver si por arte de birlibirloque nos encontráramos apuntados a un sorpresivo viaje a Estambul. Tenía una amiga que se miraba en los tablones de notas de otras carreras por si aparecía su nombre suspensa. Seguimos siendo personas, por mar, por tierra y, sobre todo, por aire.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si un aeropuerto sea el mejor sitio para estudiar y reflexionar la conducta humana. Miedo a perder el avión? Más bien me decantaría por decir que es una costumebre socialmente extendida e implicita que la mayoría de las personas lleguen con la hora justa a una cita, y por qué iba a ser menos un avión? seguramente si se tratase de una incipiente relación romántica o conato de ésta, te apuesto lo que quieras a que tal vez no llegase nadie tarde.
Por cierto, lo del peligroso sobraba, no creo que sea escribir peligroso en un ordenador si no más bien las palabras del orador o en este caso escritor que incitan a la "turba".
Espero que trates noticias más interesantes que una simple y llana ansiedad a volar, o como matamos el tiempo. De este breve relato deduciría que volar te produce una acuciante pavor a no llegar a tu destino, lo cual te lleva a estar angustiado (dejémonos de anglicismo, rechazo usar estres)y estar alerta de lo que otros hacen para distraerte de tus preocupaciones o quehaceres.Por otra parte, se saca en claro que aprecias hasta el más mínimo detalle, lo cual conduce a pensar que eres una persona metódica. Podría seguir con este microanálisis pero creo que sería capaz de aburrir puesto que carezco de la habilidad de un Cesar entreteniendo a su turba con el espectaculo de los gladiadores. Si nos abstraemos a tiempos romanos tu aeropuerto se convierte en un vil y vulgar anfiteatro o circo romano.

Miguel dijo...

Los derechos y las libertades o se usan o se pierden.
¡Saludos y buen año 2012!
http://15mikel.blogspot.com/

Andrés Villena Oliver dijo...

Pues no sé qué pensar de todo esto.

Anónimo dijo...

A veces es mejor reflexionar sobre cosas que valgan la pena, acciones que se pueden hacer para mejorar la situacion. Constantemente la mayoría nos quejamos pero no hacemos nada, al menos en mi caso, luego no debería quejarme pero lo hago. Si te he dejado 'perturbado' (en el sentido de perdido, no me malinterpretes), te pido disculpas.
Un saludo. Tu mosca cojonera!

Prestiti Mariano dijo...

Muy interesante tu articulo, viajo seguido de un pais a otro por trabajo, y la verdad no habia prestado atenciòn a este particular. A parte que soy uno de esos que voy SIEMPRE con prisa...
Saludos de Mariano Prestiti

Blog Sexo dijo...

Agobios de los tiempos modernos

Tienes suerte, muchos millones de personas en España no pueden ni tan siquiera pensar en un viaje en avion

Saludos