jueves, 23 de julio de 2009

¡¡¡Estás muy/más delgado!!!


Tengo veintiocho años, mido un metro setenta y dos y peso 34, 53 kilos. Sí, no llego a los treinta y cinco. Durante el día apenas puedo andar y, aunque ingiero alimentos como cualquier otro mortal, la enfermedad que me posee me hace estar cada vez más delgado. Poco a poco, más delgado...
Las cosas serían así si las profecías que mis queridos familiares y amigos me vienen lanzando desde los últimos años tuvieran una mínima base real. De 2003 a la actualidad, solo he adelgazado. Continua y constantemente. A pesar de ello, la variación en mi peso desde entonces hasta ahora -verano de 2009- no es superior a los cuatro kilos.
¿Cómo explicar, entonces, esa finura, esa precisa medición que hacen tus seres queridos? ¿Y cómo la realizan sin aparentar esfuerzo alguno, con esa naturalidad tan propia de ellos?
No hay otra razón que la siguiente: es una mezcla de mala follá con pretensiones de control. "Estás más delgado, luego te observo y te tengo sometido, a ver qué haces ahora". Adelgazar más se convierte en un fenómeno negativo, en la medida en que es algo que no te favorece necesariamente y refleja o puede dejar entrever cierta situación de nervios o estrés que te hubieran llevado a la situación actual.

Pero tu familia no entra ni en estos cálculos, es todo más instintivo, más, digamos, vocacional. La época más proclive para atacar es, quizá, el verano. Hay menos ropa y más cuerpo para enseñar, y para ensañarse con el prójimo. Ningún pariente o amigo trata de recordar cómo era tu físico un año antes, durante el verano previo, para darse cuenta de que no se han producido cambios dignos de reflexión y/o comentario.

No obstante, si una situación se define como real, acaba por ser real: estás más delgado y, lo peor, tienes que comer más.

Te obsesionas y lo interiorizas, y ahora te pesas cada dos por tres. Pero es imposible ganar peso, no hay prácticamente nada que hacer: ni comer más, ni servirse dos postres van a variar tu situación. Y, lo peor, nadie reconocerá tu esfuerzo.

¿Por qué no crear una Internacional de delgados orgullosos? ¿Por qué no revertir esta mala saña con los que, con el transcurso del año, se han hecho poseedores de unos kilillos de más? ¿Por qué no tratar a estos igual? "¡Vaya, estás hecho un cerdo seboso este verano! ¿No se te ocurre comer un poco menos por los demás?

Lamentablemente, la vida es injusta. La ligera gordura es feliz, mientras que la delgadez sigue siendo melancólica, débil, y perdedora. Seguiremos comiendo, a ver.

4 comentarios:

Fet dijo...

Mira, un problema que no tengo...

Andrés Villena Oliver dijo...

Un honor su visita, Mr. Stinky.

Anónimo dijo...

Y no se te ocurra ir a alguna boda o a similar... te encontraras con las típicas preguntas como:
¿Estas enfermo?, seguido de... Es que vive solo y no tiene novia (Pero seguro que esta enfermo) jajajajaja

Andrés Villena Oliver dijo...

Lo de estar enfermo es el culmen. La delgadez como reflejo de una enfermedad que se encuentra detrás.

Por ello las advertencias del "estás delgado" se convierten en amenazas premonitorias.

Un saludo.