sábado, 19 de septiembre de 2009

Mi primera vez en la tele

"¡Oh, es supereinteresante tu testimonio!", concluía una redactora -o lo que fuera- de Espejo Público justo antes de programarme para el pasado viernes, en el que yo participaría en un "debate" sobre jóvenes que, por la crisis, vuelven a casa de sus padres.

Nada más lejos de la realidad: mientras la enorme cadena -menudos gastos, menudo derroche, propio de quien tiene para regalar y no se da cuenta de lo que estamos pasando- me devoraba al recorrerla por sus pasillos, ya me imaginaba que la cosa no iba a ser como me habían dicho. "Diecisiete minutos tendrá el espacio aproximadamente, aunque ya sabes, en la tele nunca se sabe y siempre se acaba recortando". El trato de la redactora es exquisito y su apariencia, mejor, pero de la televisión uno no puede ni fiarse: gente que tiene mucha prisa y cosas mejores que preocuparse por lo que tú pienses.

Y tanto que recortaron tiempo: ni cuarenta segundos para decir algo, y la mitad se va en la presentación. Nada.

Muchos amigos míos pudieron ver cómo miraba mi móvil mientras los tres tertulianos culo gordo de turno ventilaban el tema a su manera: brocha gorda, mucha seguridad y un cruce de piernas con chaqueta y corbata, café mañanero e ideología centro derecha. Lo perfecto para la cadena y su delgadísima presentadora.

Viajar a Madrid, aunque te lo paguen, para decir "no tengo trabajo porque lo perdí, vuelvo a casa de mis padres lo cual no es un drama sino un privilegio, lo que obviamos es el grave problema que hay de fondo" es poco menos que una broma pesada. Ni siquiera el zumo de naranja templadito de la sala de invitados o el hecho de ver a Jesús Neira al lado de Massiel compensan esta primera excursión a la tele.

Pero mis compañeros de aventura no piensan ni mucho menos lo mismo. Uno de ellos, dispuesto a ir a la recogida de la fresa por seis euros al día, manifestaba haber trabajado dos años para una empresa, sin cobrar. Más que un becario, un esclavo, sometido, como él mismo afirmaba, a kilos y litros de pasta y agua. No se le notaba en un cuerpo sometido poco menos que a un Ramadán intermitente.

La chica, un bombón cuyo perfil encaja perfectamente con la rasa exigencia de esta cadena y de la hora de la mañana, se había casado pero había tenido que volver al nido paterno y materno. Es simpática y lo hace bien, sabe que va a volver y podrá aparecer en distintos programas de testimonios que bien podrían catapultar su carrera en lo relativo a la publicidad y a las relaciones públicas. A los dos les deseo mucho éxito, tal y como ellos lo quieran entender.

El chico -que abrazaba constantemente a la chica, la rubia, que no era suya- se extrañó ante mi sugerencia: "la única idea creativa que puedes tener sin sueldo es incendiar ese departamento de publicidad en el que trabajas. Esa y no otra es una idea creativa". Pasados dos días no hago sino reafirmarme en mi conclusión: con el estómago vacío solo se piensa en lo que se piensa. Espero que pueda condimentar la pasta -la que se come directamente- con algo de salsa de tomate.

Lo he intentado dos veces pero la chica rubia no me deja abrazarla como el de la pasta. No llevo la misma camiseta interior blanca de manga larga, no soy moreno y "me he preparado la intervención", o eso dice ella. "Yo tenía un discurso político que transmitir", le respondí, en nombre de Comisiones Obreras. Decididamente no me deja abrazarla porque le recuerdo a su marido: tan guapo, fuerte, también en casa de sus padres.

El taxi viene pagado de ida y de vuelta. Al taxista de la ida le regalo el libro que llevaba para Antena 3. Al de vuelta lo escucho todo el trayecto y le invito a abandonar Es Radio y concentrarse en otros mensajes más fiables. Son de lo mejor de la experiencia. Me encanta la tele, y ver cómo no me tiembla la voz. No hay nada que temer. La tele es como una aspiradora que retiene lo peor de la sociedad, los deseos más bajos, que vaporiza la mugre cotidiana para convertirla en colonia cara, pero con un hedor barato que se nos queda en la inconsciencia.

De ahí que esos pasillos que ahora me vomitan de vuelta no me produzcan el respeto que el Ministerio de Fomento. Esa televisiva y humorística cartera que me expulsó hace ya casi medio año en el nombre de Zapatero y de su ocupada progenitora.

4 comentarios:

Fet dijo...

40 segundos... Mira, como una eyaculación precoz. Normal, si era la primera vez.
;-)

Andrés Villena Oliver dijo...

Sí, ya te digo que no me dejaron más y tuvo que ser a toda prisa. Como se quiera interpretar, Mr. Stinky.

Buscador de savia nueva dijo...

Quisiera conocer tu disponibilidad, para hacer una propuesta a mi jefe (presupuesto mediante, vamos unos €urillos), así que no te ilusiones inúltilmente. ¿Te interesaría colaborar como "asesor" de comunicación política-económica (Hacienda Pública) de una agrupación local cerca de A3 de Televisión S.A.? Nuestro secretario de comunicación, aparte de pluriempleado (no sé de dónde saca las energías, nuestro supersecre) sabe mucho de Política, pero, muy poco de Economía, y en estos tiempos críticos hace falta explicar a la ciudadanía los asuntos económicos. Ojalá, viéramos en la tele más Andreses y menos Massieles y Belenes. Andrés, recuerda: "antes partío que doblaó". ¡¡¡Suerte!!!

Andrés Villena Oliver dijo...

Saludos. Me podría interesar, y mucho. Cuando quieras hablamos. Teléfono: 618124549.



Estoy en Madrid toda la semana y me gusta lo que me propones. A estas alturas no me hago muchas ilusiones. Espero tu llamada.



Un abrazo y gracias.