jueves, 10 de junio de 2010

Reforma laboral (II): cortina de humo

Hace unos días estuve haciendo un reportaje sobre para qué va a servir la reforma laboral que muchos nos imaginamos que se va a producir. La experta que defendía la "desregulación del mercado" argumentaba sobre la facilidad para contratar que supondría una reducción del "coste del despido". Pero ni siquiera ella garantizaba que esto fuera a ser una fuente de generación de empleo, "por lo menos en dos años".

¿Por qué, entonces, estas prisas, este interés? ¿No hay algo que huele mal en todo esto? Da la sensación de que la propia reforma laboral fuera una cortina de humo para no debatir sobre lo que está pasando en realidad.

Y lo que parece que sucede, dicho 'a brocha gorda', es que los de siempre han aprovechado la debilidad de nuestra situación para ampliar su umbral de beneficios.

El fuerte siempre ha tenido la tentación de aprovecharse del débil: buscamos maximizar nuestra utilidad, nuestros privilegios, y tendemos culturalmente a expandir nuestros beneficios a costa de los demás. Nos pueden detener dos tipos de factores: unos, los de corte moral, si albergamos alguno de estos; los otros consisten en limitaciones técnicas, jurídicas, económicas...

Podemos deducir que lo que impedía en el pasado a las grandes instituciones y multinacionales imponernos "reformas" era nuestra ilusoria y artificial fase de crecimiento. Entonces, cuando 'avanzábamos' al 4% -aunque fuera a costa de endeudarnos mortalmente- y creíamos estar dirigiéndonos hacia el pleno empleo, la fuerza de los trabajadores y sindicatos, la gestión del PSOE y el clima de opinión hacían imposible pensar en una imposición de este tipo.

Descubierto el pastel, salvados los culpables, volvemos a estar contra las cuerdas; mientras que los beneficios se concentran en pocas manos, quedamos con los efectos colaterales: vamos a vivir una segunda recesión o 'double dip'; la democracia ha quedado erradicada y el Parlamento actual registra similares libertades a las Cortes franquistas; no hay debate, las decisiones están ya tomadas porque no son decisiones y en todo caso no son medidas nuestras; y lo peor de todo es que sabemos que nada va a servir de nada; más grave todavía: sabemos que lo sabemos y que aun así vamos a dejar que ocurra.

Porque el guión está escrito de antemano y, aunque lo hayamos visto escribirse, nos sorprenderán las próximas escenas.

Lo más extraño es que el momento de la explosión, de los gritos y de la violencia no se haya producido aún a estas alturas. Habrá que tensar aún más la cuerda, reducir un poco más el bienestar, las expectativas, las esperanzas... ¿Hasta que no quede nada que perder? ¿Hasta que el nihilismo nos haga decantarnos por un extremo u otro? ¿En qué lado de la balanza vamos a caer esta vez? Habrá sorpresas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El individualismo nos ha llevado al fin de la acción colectiva. Hasta que no nos enteremos de que no nos podemos salvar solos todo seguirá igual. El pueblo, unido..

Andrés Villena Oliver dijo...

Individualismo, fragmentación... Aunque suene cursi, nos falta comunicación, hablaba el otro día con un conocido.

Hablar sobre las cosas que importan no se habla realmente, continuamente hay debates o conversaciones sobre temas que desvían la atención.

Estaría interesante establecer un estudio de los temas y contenidos que son conversaciones principales de "la gente": en qué medida estos contribuyen a desmovilizar más que a movernos. Saludos.