miércoles, 23 de febrero de 2011

Sobre hacerse un huerto ecológico... y plantar en él la revolución

El otro día un grupo de malhechores ideológicos y yo estuvimos en una conferencia sobre "economía alternativa". El ponente, Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, centró su exposición en contarnos lo mal que estaba todo y que la culpa era del neoliberalismo -cosa que adornó con muchas diapositivas de El Roto, que iba explicando-. Como he leído y he escuchado a Juan Torres muchas veces, aquel señor me supo a bastante poco. Pero hasta ahí, bien.

Fue en el turno de preguntas cuando me llamó la atención. Le propuse una iniciativa sobre la que llevo bastante tiempo pensando y que he expuesto en algunas publicaciones: una campaña para promover la compra de deuda pública española; de salir bien, la adquisición de estos pasivos rebajaría el tipo de interés y mitigaría los planes de austeridad que estamos sufriendo. Hay mucho dinero español que podría invertirse en este vehículo de inversión. Con mi propuesta no descubría el TNT, pero al menos salía del "qué mal está todo" tan propio de una izquierda demasiado penetrada por una especie de catolicismo hegeliano que no se nos termina de ir.

No me dio tiempo a explicarme: "La gente está que no puede pagar el piso, se va a poner a comprar deuda pública...". Los familiares, amigos y la gente que debía un favor a este docente, que acaparaban el 90% de los asientos de una sala llena por la mitad, prorrumpió en algunas risas para apoyar su respuesta. Qué ocurrencia, cosas de la Universidad. Estos chicos...

Al no poder replicarle, lamenté internamente -como casi siempre hago en otros muchos ámbitos- que un supuesto científico universitario hubiera usado un lenguaje de taberna para responder a mi argumento, que requería de unos treinta segundos más para ser expuesto. A partir de ahí mi percepción subjetiva condiciona el juicio que me hago de su propuesta alternativa a la mía: "Yo recomiendo que cada uno trate en su vida de llevar a cabo iniciativas alternativas, como tener un huerto ecológico, por ejemplo", respondió.

Muchos intelectuales se bajan de vez en cuando de su atalaya y se enfrentan a la realidad con propuestas que reflejan esa aristocracia cultural y social a la que muchos en secreto aspiran. ¿Quién se puede permitir tener un huerto ecológico en su casa? ¿Los que están compartiendo un piso de alquiler?

Está muy bien clamar contra las bajezas de este mundo pero, por favor, dejemos de proponer huertos ecológicos olvidando que, si muchos tuviéramos en propiedad dos veces la extensión que este sabio se procura para hacer su revolución, nos construiríamos una morada en la que caernos muertos. Un saludo a todos los ecologistas que están de alquiler.

2 comentarios:

David dijo...

Pues sí, Andrés, ese es el tipo de ciencia que se promueve a veces desde la universidad: ciencia sin diálogo, que no solo es ciencia de mala calidad sino que ni tan siquiera merecería ser llamada ciencia. Yo te he hecho caso (ya te dije personalmente en Madrid la opinión que me mereces) y mis ahorrillos los he empleado en comprar deuda pública. Por otro lado me da mucha rabia que no te dejasen darle réplica a este tipo, porque eres una persona que te expresas con claridad y no eres nada dogmático. Pero en fin,parece que la ciencia lúgubre sigue instalada entre nosotros y que la única opción posible desde la izquierda es quejarse sin ofrecer alternativas o aún peor ofrecer alternativas chorras... Ojalá que el verdadero pensamiento de izquierda prevalezca. Sigue así, Andrés, dándonos soluciones cabales o, al menos, alternativas serias.

Andrés Villena Oliver dijo...

Gracias, David. En cuanto sepa si conservo o no mi trabajo, decidiré si dedico mis ahorros a la deuda pública también. Tengo también referencia de un par de bancos éticos, diferentes a los actuales y más seguros. El mundo de la inversión es más plural de lo que parece. A ver si profundizamos un día en ello. Un abrazo y gracias.