domingo, 3 de marzo de 2013

Mis locas aventuras francesas (II)

Toulouse es como una primavera fría este fin de semana. El río La Garonne (que seguro que llega a España y que nos lo hemos tenido que aprender, de pequeños, con otro nombre) es de una extensión y anchura inmensa. El sol golpeaba esta mañana sobre este y permitía admirarlo desde el césped que lo rodea a ambos lados. Merece la pena dedicarle un rato.

La adaptación a la residencia universitaria está resultando administrativamente curiosa: no tengo tarjeta para la lavandería, ni para Internet, ni puedo entrar en la biblioteca de la Universidad todavía. Vivo y descanso en un apartamentito vacío de utensilios. Hasta que ayer compré un par de libros, creía, a ratos, estar cumpliendo una sanción por un hurto menor.

La residencia está bastante aislada y hay unos cuantos malhechores rondando la zona día y noche. Unas chicas me comentan que les han dicho cosas, como de albañiles, pero a lo bestia. Son servidores de Alá y no se creen que yo no hable francés. Algo que es fácil de comprobar. Hoy se me ha ocurrido que quizá podría integrarme con ellos y aterrorizar al campus completo. Eso sí que sería una auténtica estancia de investigación en el extranjero.

Pero es poco probable que esto suceda: mis limitaciones con el lenguaje son enormes. He aprendido a decir que no hablo nada de francés, lo cual es una prueba de humildad pero aporta bien poco al francófono. Una señora por la calle me ha dicho que es mejor para mí porque así todo resulta más gracioso. Me encomiendo a su consejo: al menos me quiso decir cómo llegar a la FNAC, porque la FNAC es más francesa que española.

Termino mi entrada desde un McDonald´s -un tipo de restaurante que admiro profundamente-. Veo por Internet que España sigue igual y que el bipartidismo se viene abajo. Me da miedo que de este pseudosistema pasemos a un imperio de oradores fascinantes que se puedan convertir en nuevos caudillos o sacerdotes-inquisidores. Creo que la edad me hace mella. Espero volver a España con el mencionado ejército de malhechores: seguro que tenemos mucho que aportar a la fiesta de la democracia.

Au revoir!

No hay comentarios: