jueves, 16 de julio de 2009

Ciudadanos orgullosos...

Hay ciudadanos que están orgullosos de su ciudad, pero quizá por una especie de, digamos, contrato pactado al nacer. Es decir, no aman la localidad o el pueblo en los que viven por sus cualidades objetivas, sino por el mero hecho de que se trata de su ciudad. Su patria chica.

Es un fenómeno que se salta la dicotomía entre izquierdas y derechas. Los ciudadanos extremadamente orgullosos de serlo son integristas y se ponen nerviosos ante cualquier crítica: están en la tierra prometida.

Un ejemplo lo experimento en mi ciudad, Málaga. Dicen de Málaga que es la provincia malagueña que más apego crea entre sus habitantes de todas las españolas. Y eso se nota mucho.

Málaga ciudad no destaca precisamente por gozar de buenas playas. En ocasiones bañarse en Málaga es como encoger, hacerse diminuto y caerse al agua de un váter: es verdad, hay agua y te refrescas, pero una sospechosa espumilla amarilla vigila a los bañistas y no se va de mayo a noviembre...
"Es que la gente se echa mucha crema para el sol, eso no es nada". De acuerdo, pero si fuera solo crema, esta no me estaría sonriendo y haciéndome el corte de mangas. ¡Es que puede salir andando cuando quiera!

Por eso, nunca me baño en Málaga. Ni cuando al acercarme al paseo marítimo veo llegar a los vecinos más madrugadores y comentar "pues hoy el agua estaba limpísima". No se me escapa que uno todavía conserva en la cabeza una bolsa de plástico que ha conocido en su último baño. Es que los hay que se acostumbran.

Por esta y por otras razones, algunos ciudadanos me sorprenden en su ferviente amor a la tierra. Una tierra que podríamos cambiar y mejorar, y no soportar llueva o nieve. Si me ven por la playa malagueña, seguro que no será debajo de esa agua. Por suerte, la espuma amarilla (odioso y artificial color) no ha aprendido, aún, a salir de marcha por las noches.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Curiosísimo chovinismo provincial el que impregna las mentes de los malagueños. No son para nada exageradas las apreciaciones que realizas en tu entrada; el fundamentalismo malacitano es una incontestable realidad. Se podría apreciar el surgimiento de una forma de pensamiento regionalista tan conservadora si nos fijamos en esa pueril, irracional y contínua beligerancia para con la capital autonómica: Sevilla. Es quizás ese complejo de inferioridad el que lleva a los malagueños a ser excesivamente proteccionistas, incluso con los aspectos que, a todas luces, necesitan una urgente mejora.

Una curiosidad, Andrés. ¿Qué es lo que te gusta de Málaga?

Andrés Villena Oliver dijo...

Saludos, bienvenido al blog, autor de El lazarillo de Tormes...

Bueno, me "atan" (un verbo con acepcione negativas) lazos plenamente emocionales. Luego está lo práctico: amigos, etc.

En lo objetivo no mucho y menos en comparación con otras ciudades. Quizá el clima.

En lo subjetivo muchísimas cosas.

Supongo que solo los que la conocemos de cerca podemos criticarla así. Y creo que otra ciudad mejor es posible.