domingo, 5 de septiembre de 2010

El 'balconing' y sus efectos secundarios

"Ha sucedido en la localidad de Mojácar, en Almería, donde se ha consumado la tragedia. Juan M.F., de 19 años de edad, tomaba unas copas con unos amigos y decidió practicar 'balconing', una actividad que se ha puesto de moda en los pueblos de la costa española este último verano. El joven -delantero prometedor del equipo de esta provincia- falleció en el acto, ya que no pudo llegar a la piscina a la que se había lanzado desde un octavo piso, cayendo al asfalto intermedio. Sus padres y su familia están muy apenados; no comprenden lo que pudo pasar ni se explican..."

Con el tiempo, se les pasará (a los familiares).

A esta familia ficticia quizá le serviría, para llevar mejor su duelo, saber que su hijo, su sobrino, su nieto... simplemente no contaba con un organismo apto para la vida. Adolecía de la falta de un sistema cognitivo que pudiera proveerlo de las necesarias defensas ante los avatares de la cotidianeidad, frente a las abiertas decisiones que dibujan el recorrido de una vida. Y precisamente por ello y porque tenía que suceder así tarde o temprano, escogió mal.

Porque tirarte de un octavo piso hacia una piscina a la que probablemente no puedes llegar es algo más que un suicidio: es un desafío a las leyes de la física que tiene la muerte como necesaria respuesta.

Imaginemos lo que hubiera sucedido de no ocurrir esta "tragedia", pero siguiendo la misma conducta: Juan M.F. se habría dado cuenta de que era un superhéroe indestructible que, a la larga, inspiraría una corriente de imitadores. Otros tratarían de seguirlo y habría más muertos que en el supuesto original, y posiblemente más superhéroes. Con los muertos nos iría bien, pero no queda tan claro que pudiéramos administrar a muchos seres superiores en tan poco tiempo. Un desequilibrio del que nos libra el necesario sacrificio de Juan M.F., con lo que todo vuelve de algún modo a la normalidad, menos para él y para sus familiares.

Aspectos positivos

Podemos contemplar este fenómeno -el 'balconing'- como un mecanismo de selección natural de una población excesiva para el planeta: entre los menos inteligentes, aquellos cuyo intelecto no llega para conservar la vida en circunstancias normales, son eliminados de manera efectiva. Sin coste de armamento, ni sueldo de asesinos, ni juicios, y con una autopsia que en realidad es un 'paripé'. Parece el crimen perfecto, porque ni siquiera es un crimen.

¿Que es duro saber de ello? Parece una decisión racional, con algún imprevisto para el protagonista. Es lógico que al principio los familiares se sientan un poco confusos -qué hacer con su cuarto, ¿me lo puedo quedar yo, papá?- pero, en definitiva, es una consecuencia más del curso natural de las cosas, tal y como estas están definidas. Y mientras sigan así, habrá 'balconing'.

Dicen que las industrias turísticas están preocupadas por la moda de los balcones: quieren llenarlo todo de barrotes, evitar las ocasiones para este tipo de suicidios involuntarios... No hay reforma posible: es simplemente un paso más; quizá es que las juergas destructivas subvencionadas por nuestras agencias públicas exigen, en ocasiones, de este tipo de eyaculación sangrienta. Un 'after' después del que ya no hay más 'afters'.

1 comentario:

Cristina dijo...

Muy bueno, me ha encantado el sárcasmo con el que lo tratas. Bravo!