sábado, 12 de marzo de 2011

Cuando sorprendentemente vuelve el otoño

No es fácil aceptar que, a punto de comenzar la primavera, te llegue, solo a ti, el otoño más gris posible. A veces, mientras el CD de Vivaldi marca el ritmo normal de las estaciones, una parte de estas se desgaja y te dedica una etapa en exclusiva. No soy ni el primero ni el último.

Por exigencias del guión, la puerta de mi casa se llena de hojas caducas justo en el momento en que paso a través de ella. El sol, a contracorriente, se despide de mí cada vez más temprano y la noche se me hace más larga, además, por los dos extremos. Aparte de las nubes oscuras que hay por todo el cielo, me da la sensación de que hay una muy puñetera que no consigo quitarme de encima, ni siquiera en el ascensor.

Dicen que cuando esto ocurre lo mejor es hacer como si nada pasara o, en todo caso, chapotear en los charcos de agua con la cabeza bien alta. Dejar que el tiempo mejore. Pero los ánimos se ajustan al período que ha llegado inesperadamente y el impulso es el de la hibernación hasta que le vuelva el vigor a las plantas y, de paso, a uno mismo.

Por un momento he pensado que podía ser el cambio climático, pero no quiero ser tan egoísta. No solemos reflexionar, cuando, inconscientes e ilusionados, comenzamos a alzar el vuelo, sobre lo que puede suponer una caída de vuelta a la tierra. Aquellas nubes que crucé cuando viajaba hacia arriba, ya hace unos cuantos años, se debieron de quedar con mi cara y ahora, sabiendo que se me han caído las alas, vuelven para velar esta nueva etapa que me toca vivir. Y eso que son horas extras que luego nadie les paga.

Mientras tanto, sigo mirando al cielo, entre nubarrón y nubarrón, para divisar ese punto que, volando, se ve cada vez más lejos.

Quizá es que todo lo que sube, baja. Pero incluso así merece la pena. Ya se irán estas nubes.

3 comentarios:

Raquel dijo...

"Post nubila, Phoebus", querido amigo virtual

Andrés Villena Oliver dijo...

Seguro que sí, ;) Gracias

Anónimo dijo...

Después de la luz las tinieblas y viceversa, es como un círculo vicioso del que no se sale, desalentador, ¿cierto?.