sábado, 19 de marzo de 2011

Haciendo un poco de yoga

Tengo una monitora de yoga que sabe mucho de lo suyo, pero que a veces parece una veterana de Vietnam, donde no creo que se practicara esta técnica en la contienda contra los EEUU.

Para ella no vale el miedo. Uno debe poder hacer el pino sobre la cabeza en el centro de la sala sin arquear la espalda ni temblar. ¿Cómo voy a estar tranquilo haciendo eso si en cualquier momento me puedo pegar el costalazo del siglo? Y como no me he caído nunca en similares circunstancias, desconozco el daño que me haría y sigo temblando: he convertido la ley de la gravedad en un monstruo. Entonces mi monitora se crispa y me exige que no tenga tanto miedo, lo que me da más pavor y me hace revolverme hasta una pose defensiva, con la cabeza gacha, como un Vietcom en la trinchera. Luego siempre nos arreglamos.

El caso es que me tomo muy en serio la corrección en las posturas yóguicas, lo cual a veces me provoca ciertas tensiones: tener que estar atento a todos tus movimientos, si no eres una persona con una fácil concentración, puede acabar tensándote más que relajándote. Y, a veces, cuando mi maestra me corrige, pego un pequeño repullo. Es la ansiedad, que he canalizado dentro de la práctica del yoga. ¿No es estupendo no tener solución?

Siempre que salgo del yoga me voy contento: he hecho lo que he podido. Aunque nunca sea suficiente. El caso es creérselo un poco y hasta las posturas más difíciles irán saliendo. Sigo sin caerme.

1 comentario:

Raquel dijo...

jajajaj mi primera experiencia con el pilates también fue memorable...
Debemos insistir Andrés... imagino que en alguna parte estará nuestro centro y nuestra calma :/