martes, 25 de diciembre de 2012

La privatización de la realidad (X)

El consumo como nuestro "mundo de la vida" (I). La producción masiva

Nada de lo que ha sucedido hasta ahora y poco de lo que está ocurriendo podría tener lugar sin la relevancia que tiene el consumo. Este está presente en casi todas las experiencias sociales que tienen lugar en la vida cotidiana. Su importancia ha alcanzado tal grado que prácticamente no se puede ser una persona si no se consume. Pero este apunte no pretende descalificar de manera maniquea el acto consumista, sino subrayar su enorme importancia y relevancia, como ya se ha afirmado.

La sociedad de masas a la que pertenecemos es una sociedad de consumo. Somos parecidos porque compramos cosas parecidas. ¿Por qué? Porque se fabrica una gran cantidad de ellas. La producción en masa abarata el producto: las máquinas realizan el mismo movimiento una infinidad de veces, y esto ahorra mucha electricidad y personal. El producto de consumo de masas es barato por naturaleza, si no, no podría demandarse.

Lo que en Economía se denomina el coste unitario del producto desciende a un mínimo en este tipo de artículos fabricados para una colectividad tan grande. La democratización del consumo en la era moderna o posmoderna es un ahorro de costes para los productores.

El consumo de masas es una actividad planificada desde la empresa. El consumidor no determina la producción, sino al contrario: la demanda de los consumidores se planifica por parte de estas grandes entidades. Diseñan el producto junto con la campaña publicitaria. A veces, incluso el Estado colabora al facilitar instalaciones, servicios de investigación o las propias conquistas sociales del Estado del Bienestar, que permiten a los individuos ahorrar una cierta cantidad de dinero que dedicarán a comprar los objetos que hemos aprendido a necesitar.

Por eso, la realidad de los hechos es que no nos encontramos en una sociedad "de mercado". Si fuera así, las empresas incurrirían en enormes riesgos, ya que los consumidores podríamos cambiar de opinión y adquirir productos distintos.

Pero el caso es que no podemos hacerlo.

Lo más profundo de todo esto es que muchos rasgos de nuestra personalidad social vienen influidos por el hecho de que hay unas empresas mastodónticas que, para mantenerse a buen nivel, tienen que manipular nuestra propensión a la compra. El entramado de relaciones sociales que este hecho condiciona también es relevante. Consumir es una parte muy importante de la vida, para bien o para mal. Las empresas (la mayoría, privadas) fabrican vida. Vida, en cierto modo, privada.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si ya no hay valor más que el precio, ¿podrá el ser humano no pretender comprarse sino tan sólo humanizarse?, ¿o tenemos que conformarnos con las rebajas?
¿Es posible el paso del objeto al sujeto? -como en un pasado se produjo su contrario-, ¿o tenemos que conformarnos con seguir a la venta?
En conclusión, si somos eslabones enfermos de una sociedad caduca, ¿existe realmente una cura para dicha dolencia, o tan sólo la abundancia de analgésicos?.
¿Puede evolucionar para mejor esta sociedad?, -pues para peor parece ser ya una evidencia- ¿o es tan sólo una utopía?

laughsaboutmylife dijo...

Aunque no soy yo el escritor de este blog me estoy volviendo un visitante común, así que me permito reflexionar sobre las preguntas que has formulado, querido anónimo jajaja
Yo siempre digo que... https://twitter.com/reallywhatamess/status/284756550176870400 "Viviendo bajo el continuo temor de ir a peor jamás se podrá ir a mejor".
Realmente yo creo que el problema reside en la Revolución Industrial, cuando se convirtió súbitamente al ciudadano en público. Dejamos de ser personas y pasamos de ser compradores en potencia.
Yo no tengo la solución mágica a todo esto, pero propongo echarle un vistazo a la historia (con el riesgo que esto conlleva...leer mucho a Orwell hace mucho daño) y realizar el proceso inverso: si antes se hizo A, hagamos ahora B.

laughsaboutmylife dijo...

Que por cierto, bien pensado esto de publicar una entrada sobre el consumismo el mismo día de la Navidad.
Ya que ambos somos tan críticos con los medios: ¿oportunismo o mera táctica? (Y no quiero parecer ofensivo)

Edelmino Pagüero dijo...

Vamos por partes: son dos muy buenas intervenciones, quizá demasiado.

Cuando publiqué esta entrada (que es solo una parte), creo que no pensé en la Navidad, aunque pude estar influido por las fechas sin darme cuenta. Así que en parte sí y en parte no. No me parece ofensivo en absoluto: crítica más que aceptada y añadida :) Los críticos, por desgracia, nos podemos convertir en productos de consumo: estamos en un sistema muy flexible.

Precio no es valor, el precio es subjetivo y es el objeto de una toma de decisión en la que están los costes siempre presentes. El debate valor y precio es infinito y tiene muchos siglos. Puedo darle una vuelta en próximas entradas, pero es demasiado grande para mí, tengo que admitir.

El sujeto objetivado sigue teniendo la capacidad de volver atrás. Es como el final hollywoodiense de "El mensajero del miedo" (ved el remake, la lección final me gusta). El sujeto objetivado es reflexivo: puede observar lo que la mercancía le aporta. No somos marionetas, estamos cómodos siéndolas, es una postura, una elección. Por eso hay esperanza: al marxismo le faltó dar esa vuelta. Quizá sea útil pensar así, o leer a Habermas. Somos libres de elegir las cadenas que nos atan, escribe un alumno de este curso. Qué útil ser profesor.

Hay curas y buenos analgésicos, creo. Podemos hablar de ellos.

Por otra parte, con el miedo de "va a pasar esto así que..." no vamos a ninguna parte. También debemos ser libres para cagarla, como los griegos querían. Si dejas a tu novio porque se porta mal y te tiras seis meses deprimida, al menos has tomado esa decisión libre. ¿No es mejor que pasar los seis meses dudando sobre qué hacer, como en minoría de edad? Yo creo que en la vida hay que cagarla de vez en cuando. Y solo es el peor de los casos, imagínate qué bien lo tenemos...

Orwell es un genio, no seas tan duro/a con él. Léete "Que no muera la aspidistra". Es irónico y bello. Sobre todo el final. Orwell no es solo 1984, ni mucho menos.

La revolución industrial tuvo grandísimos avances. El capital fagocitó y estropeó algunos (la guerra), pero es un potencial que ya hemos ganado.

Podemos invertir las tornas. Sería interesante ver qué se hace en América Latina ahora (desde Brasil-Chile a Argentina-Bolivia-Venezuela). No conozco lo que está pasando con fuentes fiables pero habría que estudiarlo.

Gracias.